TALLERES GRUPALES

Genograma, Fotograma y Septenios

A pesar de ser talleres grupales, la persona trabaja asuntos personales

Los talleres para adultos se realizan en grupos. Dependiendo del taller, el grupo será más o menos numeroso y tendrá un formato u otro. En todos ellos, la persona que asiste, trabaja asuntos personales que favorecerán el conocimiento sobre sí mismo, sobre su familia de origen así como el sentir hacia una vida más armoniosa, en la que las dificultades podrán llegar a transformarse en oportunidades bien aprovechadas.

El taller de Genograma es un taller muy completo en el que, después de realizarlo, la persona adquiere una visión muy completa de su sistema familiar. A través de él se toma conciencia de los asuntos familiares existentes, adquiriendo una mayor comprensión de las dificultades, los valores, la salud, la enfermedad y los vínculos y lealtades creados dentro de la familia.

Es un taller en el que se realiza un trabajo de investigación sobre la propia familia que, acompañado de unas fotografías, ayuda a crear el propio mapa familiar. Un trabajo final que, pasando por los septenios, hace que se adquiera un mayor conocimiento de uno mismo. Es un trabajo potente que acompañará para siempre a la persona.

¿QUÉ ES UN GENOGRAMA?

Un genograma es la historia familiar en forma de mapa, donde se pueden ver los principales sucesos ocurridos a los miembros de la familia durante diversas generaciones. Tiene algún parecido con un árbol genealógico, pero describe las relaciones a través de una serie de símbolos estándares. Con una sola mirada se pueden identificar patrones que se repiten, tipos de relaciones y secuencia vital de las personas que están en ella.

¿Qué tipo de información buscamos en un genograma familiar?

  • Buscamos las personas que forman el entorno inmediato de la pareja para establecer relaciones sostenidas entre ellos y con la propia pareja.
  • Históricamente, el tipo de sucesos que se han producido en la estructura familiar: número de hijos, enfermedades, la edad en que sucedió la muerte, el número de abortos, empresas familiares, etc.
  • Observamos los patrones que se repiten, mayoritariamente inconscientemente, por tradición familiar.
  • Estudiamos las relaciones emocionales existentes en la familia, tanto las del pasado como las del presente. Nos tenemos que fijar como se llevan los miembros de la familia, si hay abusos, infidelidades, divorcios, adicciones, etc.

Desde este gráfico se pueden identificar patrones de comportamiento, quizás heredados, y que se evidencian al agruparlos.

También se utiliza como una intervención terapéutica para generar cambios en las familias.

¿QUÉ ES UN FOTOGRAMA?

El Fotograma se crea al acompañar el genograma con fotografías de la familia. Sirve para ir conociendo a los miembros de la familia que ya no están, para poder pedir a nuestros familiares que nos hablen de ellos y nos expliquen todo lo que sepan de la familia. Es una forma de buscar datos y de conectar con imágenes que observadas detenidamente, pueden aportar mucha información. Una imagen puede llegar a ser muy sanadora.

Desarrollar un Genograma acompañado de un Fotograma ayuda a conocernos mejor, mirarnos diferente y también a nuestra familia y sistema familiar.

¿QUÉ SON LOS SEPTENIOS?

La teoría de Los Septenios sostiene que la vida humana presenta tres grandes fases importantes, la del cuerpo, la del alma y la del espíritu, y en cada una de ellas se presentan diferentes cuestiones con sus propias características.
Por lo tanto, según esta filosofía, el hombre es un ser trimembrado: tiene cuerpo, alma y espíritu.

La Antroposofía es la visión del mundo basada en la filosofía de Rudolf Steiner y sostiene que cada una de las fases de desarrollo personal se puede dividir en períodos de 7 años que marcan la evolución de la conciencia de cada persona a lo largo de la vida.

Ser consciente de cómo se conforman los capítulos de nuestra sinfonía vital es una valiosa forma de autoconocimiento.

LOS TRES SEPTENIOS DEL CUERPO

0 a 7 años: Nos dedicamos a construir nuestro cuerpo físico. En el momento en que empezamos a caminar es cuando aparece el YO (diferenciando al individuo del mundo) y posteriormente, aparece el habla y el pensamiento.

7 a 14 años: Nos dedicamos a construir nuestro cuerpo etéreo. Acabamos de desarrollar nuestro cuerpo vital y empezamos a manifestar nuestro temperamento. Por lo tanto corresponde a la etapa de la maduración anímica.

14 a 21 años: Nos dedicamos a construir nuestro cuerpo astral. Es uno de los septenios más difíciles ya que empezamos a afirmar y afloran nuevos sentimientos y sensaciones. Aparecen las dualidades y las polaridades. Nos iniciamos en el nacimiento del YO.

LOS TRES SEPTENIOS DEL ALMA

El alma es nuestro mundo interno al que únicamente tenemos acceso nosotros mismos. En estos tres septenios se conforma nuestra propia alma.

21 a 28 años: Se trabaja el alma sensible. ¿Quién soy? ¿Qué quiero? Empezamos a controlar nuestra vida anímica, se inicia el momento del autodominio. El YO, todavía no se ha construido dentro del alma, pero queremos saber cómo son las cosas realmente, aprender a conocer la vida y el mundo. Buscamos una posición en la vida, intentando afirmarnos en un trabajo, compartiendo los días con alguien e intentando formar una familia. Hay una gran satisfacción en el vivir.

28 a 35 años: Se trabaja el alma racional. Es un septenio caracterizado por el orden y la autoafirmación. Es una de las etapas más importantes porque corresponden a la autoafirmación del alma y por tanto de la persona. Es el centro de la biografía y es cuando se piensa de manera más intensa. Pero también es una época de cuestionarse la auténtica libertad y la identidad más profunda, provocando crisis de identidad si realmente no nos hemos alineado, todavía, con nuestros valores. Es una etapa de orden.

35 a 42 años: Se trabaja el alma consciente. Época de voluntad. Desarrollamos la autoconfianza, cosa que implica una gran voluntad. A partir de este momento, empezamos a sentir la exigencia de nosotros mismos. Se trata de hacer y conseguir todo aquello que para nosotros tiene un valor y un sentido. Puede ser que aparezca la sensación de vacío ya que precede a que nos encontramos con nosotros mismos. Se trata de aceptarnos, cosa que exige autoconfianza.

LOS TRES SEPTENIOS DEL ESPÍRITU

42 a 49 años: Fase social. Esta etapa se llama el principiante, ya que nos convertimos en principiantes o aprendices empezando a recorrer un largo camino de despertar espiritual. Es la época de la acción. También hay una aceptación de que el cuerpo ha empezado a envejecer. Hay cambios físicos que nos aportan una sensación de vacío y empezamos a replantearnos cuestiones que trascienden el aspecto físico.

49 a 56 años: Fase Moral. Se trata de una época caracterizada por el nacimiento del maestro interior. Es un septenio de reflexión. Despierta en nosotros los cuatro pilares de la espiritualidad: desafección, amor al prójimo, gratitud y perdón. Nos convertimos en nuestros propios maestros y actuamos con disciplina.

56 a 63 años: Fase Mística. Si los cuatro pilares básicos no se han despertado todavía en nosotros nos podemos encontrar ante otra gran crisis. Esta vendrá dada para valorar que hemos tenido una vida llena de errores que no hemos podido cambiar. A medida que el ser humano se acerca a las últimas etapas de cada experiencia, las crisis anímicas deberían ser de menor envergadura ya que crecerá, cada vez más, un interés por las experiencias vinculadas al mundo espiritual o trascendental. Este noveno septenio es el indicado para realizar una síntesis de todo aquello vivido, entendiendo que lo que vendrá a partir de ahora será para aportarnos más sabiduría. En este etapa continuamos aprendiendo, actuando con disciplina como maestros. Seremos maestros de nuestra propia vida, gracias a todo aquello vivida, por lo tanto, tanto aquello vivido como lo que a partir de este momento aprendamos, será necesario compartirlo con los demás. Se trata de una época de dar.

Como dice Gudrum Burkhard, cada septenio es un nuevo nacimiento, por eso hay dolor de parto, o sea crisis. Estas son las oportunidades de cambio que el destino nos ofrece, si las transformamos en verdaderos momentos de desarrollo.

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